Nicolás Guillén, El escribidor de cartas
Rosa Portillo siempre lamentó que Nicolás Guillén tuviese una indeclinable vocación de viajero. Las numerosas cartas de mi abuelo, sus regalos, sus promesas de amor, no fueron consuelo suficiente para tanta despedida, tanta soledad y tanto rumor que le acechaba en cuanto el barco o el avión en que él partía se hacía el azul, en el azul del cielo o cielo en el confín del mar. Aunque nada la consoló, ella se ocupó de guardar con cuidado en un gran libro azul todas las cartas que él le escribiera, más de quinientas. Seguramente a ella debemos lo que sería en el tiempo la tradición familiar de conservar las cartas de mi abuelo. (Artículo)


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