miércoles, mayo 10, 2006

Otra carta...


Para mi futura hija

Para una mujer resulta lógico pensar que el amor duele y sólo ocurre una vez, ya que desde niña se le programa para escuchar canciones que confunden el querer con las lágrimas, ve en la televisión novelas trágicas donde la protagonista sufre por su amado y, muchas veces, escucha a su madre llorar bajito para que nadie se entere.

Tengo 22 años y en unos meses me casaré. Quizás escribo con la ilusión a flor de piel, pero quiero dejarte en papel, hija mía de mis proyectos –sin corregir absolutamente nada-mis más honestos pensamientos de lo que es el amor.

Cuando era pequeña, el amor significaba una caricia y una sonrisa aprobatoria de mi padre. Admito decirte que en ese momento quería toda su atención en mí porque él era mi amado. Deseaba que durmiese conmigo y no con mi madre para que velara mi sueño que se tornaba en pesadilla, cuando pensaba que el aire acondicionado podía hacerme daño. Niña mía, en el momento que sientas que el amor duele, te invito a que corras hasta nuestra cama y abraces a tu padre.

A los seisavos pensé que había encontrado a mi pareja y me casaría con un niño que jugaba conmigo papá y mamá. Lo trababa mal, pero en silencio me encantaba imaginar cómo seríamos al crecer. Nataniel era su nombre, ¿curiosa forma de llamar a un niño, no?, y cumplía unos días antes que yo. Un día cuando toqué la puerta de su casa no contestó. Más adelante me enteré de que se mudó a Margarita. Me sentí traicionada, sola y defraudada por mi primer novio.

Niña mía, cuando creas que el amor de tu vida se fue, considera que hay muchos otros en el mundo y que pronto vendrá otro mejor, peor o diferente.

A los doce años recibí mi primer beso. Un niño atractivo me lo dio por curiosidad y yo me emocioné pensando que sería mi novio y no fue así ya que él sólo quería probar mis labios. Cuando me enteré, lloré sintiéndome utilizada. Niña mía, nunca des una relación por comenzada sin establecer lo que realmente esperas. Nadie te utilizará sin tu consentimiento.

A los catorce años conocí a mi primer amor. Se llamaba Andrés y nunca lo olvidaré. En ese momento volví a pensar en matrimonio porque duramos un poco más de un año y era muy detallista; terminamos porque él pensó que íbamos muy rápido. Yo pensé que moriría porque sólo podía pensar en el color marrón y porque mis más bellos pensamientos de inocencia se habían fugado en una llamada telefónica de ruptura de noviazgo. Niña mía, el estómago duele y la temperatura sube cuando el amor no es correspondido, pero entiende que los hombres maduran más lento y que no se debe obligar a nadie a estar contigo. Sólo espera.

Pequeñas relaciones fallidas me hicieron sentir inferior y decir que “todos los hombres son iguales”, que eran infieles, desabridos, incultos, tontos o que sabían demasiado, feos, demasiado bonitos para mí, muy poca cosa o inalcanzables, pero recuerda que mientras tú estás exigiendo cubrir tus expectativas, ellos están en la misma búsqueda.

Hace un año conocí a un muchacho que me hizo pensar que se podía luchar por algo bueno. No era bello y alto como lo había buscado, pero era un hombre que amaba a su familia como lo hace mi padre.

Pronto sentí celos de esa mujer que lo crió y que no quería que pasáramos tiempo juntos. Odié que “mis planes” se frustraran por su madre, una señora divorciada y carente de cariño. Ella y nuestras diferencias de opiniones me hicieron desistir de ese intento forzado de felicidad. Futura niña mía, ser comprensiva es una virtud que pocos tienen. Cuando creas que tus lágrimas harán surcos en tus mejillas como las de Pedro cuando traicionó a Jesús, recuerda que aquel que no te incluya en su vida, no merece tus pensamientos ni tus desvelos. En algunas ocasiones está bien tener proyectos propios y no incluir a otro que no valore lo que eres. ¡Espera!

Poco tiempo después conocí a quien será tu papito y a quien amarás por primera vez. Sé que lo harás porque sus virtudes pesan mucho más que sus defectos. A pesar de que en un principio fue sólo un amigo, su persistencia me hizo posar mis ojos en él y conocer realmente lo que es amar con alegría. Jesús Rivera-ese será tu apellido- me enseña todos los días que puedo ser mejor, que los días son lindos a su lado, que los lirios son tan bellos como las rosas, que soñar es bueno, que tener miedo es un sentimiento válido, que el amor es tan divino y sagrado como lo es Dios y que puedo proyectarte a ti mi niña, porque todo lo que se visualiza se puede tener.

Pronto me casaré y espero sentirme así de feliz cuando te entregue esta carta de amor, mi obsequio más sincero que expresa lo que ha sentido mi corazón de mujer.

No sé si quieras alguna vez leer mis consejos, pero me gustaría decirte que el amor no duele y que recuerdes lo siguiente:

- Mira dentro de tus sentimientos y consigue lo que quieres.
- Haz lo que deseas e incluye en tu camino a quien anhele compartir contigo.
- Ama con locura y sin vergüenza.
- Sé tú misma, ¡Que te rechace quien no te entienda!
- Conocerás a varias personas equivocadas hasta que consigas a la que esperas porque,

El amor es difícil de encontrar como uno lo necesita, pero si lo consigues no volverás a escuchar canciones tristes niña mía, sino que llorarás y reirás con un excelente hombre a tu lado.

® Evelyn Marín
Caracas, Venezuela